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Charles Wells, el hombre que hizo saltar la banca de Montecarlo

En julio de 1891 un hombre llegó a Montecarlo con cuatro mil libras esterlinas británicas obtenidas gracias a su invento: la soga musical para saltar. Charles Wells (1841-1926) empezó a apostar en la mesa de la ruleta posiblemente mediante el método de la martingala y consiguió hacer saltar la banca. Hacer saltar la banca consistía en agotar los fondos de la mesa en que se jugaba, en ese caso el casino de Montecarlo cubría la mesa con una tela negra hasta que los empleados del casino, escoltados por guardias, traían de nuevo una remesa de cien mil francos. La escena era lo suficientemente llamativa para que algunos curiosos se agolparan en la “mesa de luto” para seguir el progreso del ganador y aprovechando su suerte jugar a los mismos números. Cuando Wells hizo saltar la banca por quinta era imposible para un espectador recien llegado ver algo de lo que ocurría en la mesa debido a la multitud que se congregaba en los alrededores. Había hombres subidos a sillas copiando la estrategia de números de Wells mientras que otros les ofrecían dinero por poder copiar sus notas. Ese día Charles Wells hizo saltar doce veces la banca. Siguió jugando dos días más y marchó del casino con ganancias que pasaban del millón de francos.

¿Suerte? Meses después volvió a Montecarlo y se volvieron a repetir sus buenos resultados, se menciona el hecho de que dejó sus fichas en el número cinco y cinco veces se detuvo la bola allí. Hizo saltar la banca de nuevo y en pocos días se iba con otro millón de francos. Los detectives del casino lo observaban cuidadosamente, los empleados del casino comprobaron varias veces la ruleta, mujeres y hombres trataron de descubrir un sistema que sólo parecía funcionarle a él pues las notas obtenidas de sus apuestas provocaban grandes pérdidas en sus imitadores.

“Cualquiera puede mirarme jugar e imitarme; pero el defecto corriente de los jugadores es que no tienen valor. No arriesgan apuestas suficientemente importantes y tienen miedo de perder”, así explicaba Wells el fracaso de sus seguidores. Además afirmaba que tenía un sistema, un sistema que se le había ocurrido mientras investigaba un método maravilloso para ahorrar combustible en un barco porque Wells además de jugador se definía como inventor e ingeniero.

Las fantasticas hazañas de Wells llegaron a los periódicos de todo el mundo, tuvo su propia canción The man who broke the bank at Montecarlo (El hombre que hizo saltar la banca en Montecarlo), escrita por Fred Gilbert y publicada en 1892, el mismo año que hacía su entrada triunfal en Montecarlo. Llegó a la ciudad con su fabuloso yate, el “Palais Royal”, que tenía a bordo un salón de conciertos, uno de baile y camarotes con capacidad para sesenta personas. En él viajaba la modelo Joan Burns, que se había convertido en amante de Wells. Visitó el casino e hizo saltar la banca seis seis veces más… pero entonces empezó a perder. Y a perder. Y volvió de nuevo a perder. Telegrafió a Londres y pidió dinero a sus nuevos y opulentos amigos… y lo perdió.

Poco después Wells era arrestado en Le Havre y enviado a Inglaterra. Fue juzgado en Old Bailey y condenado a ocho años de prisión por estafar a algunas de las más destacadas familias británicas una cantidad aproximada a los ciento cincuenta mil dólares. El “ingeniero” había dilapidado sus ganancias anteriores en locas extravagancias antes de su visita al casino de 1892. Y este último viaje, así como el de 1891, había sido financiado por inversores dispuestos a financiar sus falsos inventos. El “Palais Royal” servía para probar el inexistente método de ahorrar combustible; los fondos solicitados eran necesarios para “reparaciones”.

Una vez en libertad cambió su nombre por el de Davenport se asoció con un sacerdote que había colgado los hábitos y consiguió volver por tres años más a la cárcel. Al salir viajó a Francia donde estafó a setenta mil franceses con la promesa de pagar el uno por ciento de interés diario por todo el dinero que le prestaran. El plan duró hasta que la policía lo encarceló de nuevo por otros cinco años.

El “hombre que hizo saltar la banca de Montecarlo” murió en París, en la bancarrota, en 1926. Antes de morir reveló su sistema no tan infalible: un golpe de suerte. Y, en realidad, el que salió ganando con toda esta historia fue el casino: aparte de recuperar el dinero, se benefició inmensamente de la publicidad obtenida, porque la noticia de los éxitos de Wells atrajo a Montecarlo multitud de esperanzados jugadores de clase media.

Domingo 20 julio, 2008 - Posted by | Curioso

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